México se mantiene atractivo para hacer negocios pese a la complejidad regulatoria: TMF Group

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México continúa siendo uno de los países con la mayor complejidad para hacer negocios; sin embargo, esto no asusta a los inversionistas y se mantiene atractivo para ellos, aseguró TMF Group, proveedor de servicios de cumplimiento financiero y corporativo.

De acuerdo con la edición 13 del Global Business Complexity Index, donde se analizaron 81 jurisdicciones a lo largo del mundo y evaluó el entorno operativo para las empresas y los inversionistas, México subió una posición en su nivel de complejidad, colocándose así en la posición número dos a nivel mundial, y en la primera posición en Latinoamérica.

Con ello, el país —que en los últimos años ha impulsado una serie de reformas en materia laboral y fiscal– se consolidó por tercer año consecutivo como el más complicado de América Latina para hacer negocios.

El reporte señala que la complejidad para hacer negocios deriva de factores estructurales, tales como una alta carga administrativa, marcos regulatorios, una mayor exigencia fiscal y brechas en la digitalización de procesos.

Lo anterior incrementa el costo operativo para las empresas y las obliga a realizar ajustes continuos para lograr cumplir con la legislación.

La complejidad también viene de los cambios constantes que se han hecho al marco regulatorio. Adrian Owen, encargado de México y Mid-Americas de TMF Group, dijo en entrevista que México es un país bastante regulado que, en los últimos años, ha tenido una tendencia a «cambiar» las reglas del juego, lo que hace complejo la previsibilidad de las empresas y sus negocios.

«Las empresas que buscan invertir en los países necesitan seguridad, necesitan claridad y creo que, en el sentido de México, es un país que abre un poco los brazos para las empresas, pero el marco regulatorio no, es algo que está en constante evolución», explicó Adrian Owen.

Los cambios que se hacen al marco regulatorio afectan tanto a las empresas e inversionistas como a aquellos que brindan asesorías, como abogados, fiscalistas, contadores y demás que deben atender cursos y talleres para estar actualizados.

«Si no hay consistencia, es como si se invirtiera en lo desconocido».

A esto, se le suma la burocracia persistente en el país y el rezago en la digitalización de trámites, donde muchas veces se siguen solicitando fotocopias de los documentos a entregar.

Sin miedo

Sin embargo, esta complejidad no hace al país menos atractivo ni se considera, per se, como algo malo, dado que es necesario un marco regulatorio sólido para la creación de empresas.

«Un marco regulatorio, legislativo y fiscal es fundamental. El hecho de que el país está intentando definir y tener claridad es algo bueno, pero con tantos cambios no hay un periodo de calma», consignó.

Pese a ello, México continúa siendo atractivo para las inversiones, sobre todo en la coyuntura del llamado nearshoring, es decir, la relocalización de empresas.

Con ello, el país —que en los últimos años ha impulsado una serie de reformas en materia laboral y fiscal– se consolidó por tercer año consecutivo como el más complicado de América Latina para hacer negocios.

El reporte señala que la complejidad para hacer negocios deriva de factores estructurales, tales como una alta carga administrativa, marcos regulatorios, una mayor exigencia fiscal y brechas en la digitalización de procesos.

Lo anterior incrementa el costo operativo para las empresas y las obliga a realizar ajustes continuos para lograr cumplir con la legislación.

La complejidad también viene de los cambios constantes que se han hecho al marco regulatorio. Adrian Owen, encargado de México y Mid-Americas de TMF Group, dijo en entrevista que México es un país bastante regulado que, en los últimos años, ha tenido una tendencia a «cambiar» las reglas del juego, lo que hace complejo la previsibilidad de las empresas y sus negocios.

«Las empresas que buscan invertir en los países necesitan seguridad, necesitan claridad y creo que, en el sentido de México, es un país que abre un poco los brazos para las empresas, pero el marco regulatorio no, es algo que está en constante evolución», explicó Adrian Owen.

Los cambios que se hacen al marco regulatorio afectan tanto a las empresas e inversionistas como a aquellos que brindan asesorías, como abogados, fiscalistas, contadores y demás que deben atender cursos y talleres para estar actualizados.

«Si no hay consistencia, es como si se invirtiera en lo desconocido».

A esto, se le suma la burocracia persistente en el país y el rezago en la digitalización de trámites, donde muchas veces se siguen solicitando fotocopias de los documentos a entregar.

Sin miedo

Sin embargo, esta complejidad no hace al país menos atractivo ni se considera, per se, como algo malo, dado que es necesario un marco regulatorio sólido para la creación de empresas.

«Un marco regulatorio, legislativo y fiscal es fundamental. El hecho de que el país está intentando definir y tener claridad es algo bueno, pero con tantos cambios no hay un periodo de calma», consignó.

Pese a ello, México continúa siendo atractivo para las inversiones, sobre todo en la coyuntura del llamado nearshoring, es decir, la relocalización de empresas.


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